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A un Año de la Revuelta

Los pacos nos miraban con rabia y sospechosamente nos dejaron pasar. Llegando al Cine Arte Alameda, las primeras lacrimógenas nos ahogan, nos acorralaron y nos gasearon por la espalda.

Ha pasado un año de la revuelta del 18 de octubre que nos quebró como sociedad. Lo digo pensando en la consecuencia de vivir en un país trizado, fue una ruptura que me llevó a la calle con más sentido que nunca, un miedo iracundo que me impulsaba a luchar. El lunes 20, salimos desde estación Mapocho, caminando hasta plaza de Armas, donde nos reunimos con musicxs y bailarines, tambores y cuerpxs revueltos en una comparsa improvisada y caótica de cause torrentoso que arrastraba todo a su alrededor por paseo Ahumada hasta la Alameda. Avanzamos sin permiso hasta el Gam. Los pacos nos miraban con rabia y sospechosamente nos dejaron pasar. Llegando al Cine Arte Alameda, las primeras lacrimógenas nos ahogan, nos acorralaron y nos gasearon por la espalda. Busco a mi compañero, escucho balazos y gritos que decían que estaban disparando. Corro asustada, trato de encontrar a alguien conocido, me toman del brazo, mi compañero me dice no te asustes, pero me dispararon algo. Le miro su pecho tenía un orificio en su polera y el pecho lleno de sangre. Lo tomo, le digo todo va a estar bien, busco ayuda y en la esquina aparecen dos enfermeras. Le dispararon, lo sientan, le cortan la ropa, lo revisan y dicen son perdigones. De frente, viene otro compañero corriendo con una herida en el mentón, pálido casi perdido entre la gente. ¡Están disparando a quema ropa! Se escuchan los gritos, todxs corren, otros se frenan a la mitad y se devuelven a tirar piedras. Se devuelven y se vuelven escudos humanos. Pudimos salir y llegar a la esquina de atención médica. Mi compañero en curaciones, adolorido con cuatro perdigones en el cuerpo. Se nos caen encima un día entero de hospital, dos semanas de curaciones, dolor y morfina, un mes de espera, una operación, varias crisis de pánico, la desazón de la impunidad, el único camino posible es volver a la calle para seguir luchando.

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Texto: Lu Warmi
Fotografía: Mayu