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Anarquía: El Negativo de Gobierno

Los gobiernos siempre defienden el  “orden establecido de las cosas”. Por lo tanto, usamos la palabra anarquía, el negativo de gobierno, y la mantendremos cuando el estado político se haya fusionado en la comunidad social.

Se nos dice que la palabra Anarquía necesita una constante explicación; que siempre que sea usada en su sentido literal, debe ser definida. ¿Hay alguna otra palabra en que esto no sea verdad? La introducción de nuevas ideas en la mente de un hombre no va acompañada del uso de una palabra especialmente acuñada, sino de la adaptación de palabras antiguas para usos más amplios. Aunque la palabra autogobierno no transmite nuestro significado en su generalización más amplia. Esta palabra fue entendida desde su introducción al uso general para dar significado a un sistema de gobierno representativo: la delegación de derechos personales para ser representados por otra persona es considerada el enfoque más elevado de libertad posible en un Estado.

En busca del establecimiento, no de un sistema de gobierno sino de un mayor grado de libertad, el uso de esta palabra sería bastante más cuestionable que el de la palabra Anarquía, y es porque conlleva un reconocimiento del gobierno y la necesidad de la acción política; el Conde Derby¹, siendo primer ministro, se jactó de los «principios de gobierno popular» de la Cámara de los Lores de Inglaterra.

En todos los casos en que los estadounidenses usan la palabra “autogobierno”, ésta lleva consigo tanto la idea de representación como de administración. Los Estados de la Unión, por sus “derechos residuales” tienen autogobierno, y los individuos gozan del más pleno autogobierno; el problema es que la libertad aún no ha adquirido una tutela sustantiva de tiempos pasados, no ha sido superada ampliamente, pero el halo de autoridad aún permanece alrededor de todas nuestras palabras.

Sin embargo, la humanidad tiende cada vez más al individualismo, o sea al verdadero autogobierno, que es el único gobierno verdadero, justo y sano. Hoy estamos pasando de los problemas políticos a los económicos, sobre los cuales el Estado no tiene influencia, siendo la criatura de las condiciones económicas existentes; por tanto, es necesaria una palabra que sin condenar la administración, exprese inequívocamente la oposición al gobierno político. Las viejas botellas servían para contener el viejo vino de la política. Las cuestiones económicas, al no poder resolverse por métodos políticos, requieren nuevas botellas para las nuevas ideas en la evolución del tiempo.

El gobierno es estacionario, el crecimiento social es progresivo; en consecuencia, llegamos a un punto donde los gobiernos se convierten en una barrera para el progreso económico. Es verdad que esta posición es lo inverso a la creencia comúnmente aceptada de que el gobierno es una ayuda para el progreso. Pero un estudio detenido del origen, tendencia y operaciones de todos los gobiernos mostrará que ellos nunca llevan al progreso.

Los gobiernos siempre defienden el  “orden establecido de las cosas”. Por lo tanto, usamos la palabra anarquía, el negativo de gobierno, y la mantendremos cuando el estado político se haya fusionado en la comunidad social.

The Liberator, 3 de febrero de 1906.

¹Lucy hace mención a Edward Smith-Stanley, 14º Conde de Derby, (1799-1869), que fue por tres veces primer ministro británico. Él fue heredero de una de las más antiguas, ricas y poderosas familias británicas. En su administración fue promulgada la Ley de la Representación del Pueblo de 1867, que dio por primera vez el derecho de voto a la clase trabajadora inglesa. Sin embargo, la ley introdujo apenas una redistribución insignificante de bancas en el poder legislativo. La intención de esa ley fue sobre todo ayudar al Partido Conservador, al cual pertenecía el Conde Derby.

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Título original: “Anarchism”
Traducción: La Enemiga de la Reina
Revisión: Christian Capurro